Narrativa

DEMIAN (PRIMERA PARTE)

PREFACIO:

“Demian” es una antigua Deidad de tiempos remotos que tiene la capacidad de comunicarse con los espíritus del bien… (Según Enrique Fogwill) También se lo vincula en otra variante en su etiología del griego con el significado de: “Hombre que surgió de Pueblo”. O con “Abraxas” por el libro de Hess aunque no todo es desacertado. Ya que la “Fortuna” (Lean las críticas de Cortazar al respecto del Libro homónimo) Está por fuera de estos conceptos morales del bien o el mal. Es amoral. Para algunos puede ser un bien, para otros la desdicha de un destino azaroso. Así como Demian es anterior a esta dicotomía. (Moral cristiana) La demonización pertenece a la estupidez cinéfila y también a dicha moral Occidental. La leyenda de Demian no es la de un Santo su oscuridad pertenece a su parte humana como a la de cualquier Deidad anterior al Cristianismo o diferente y su capacidad a lo Divino pero finalmente fue situada según lo que consta a mí experiencia personal desde tribus y sectas que luego aglomeró la Revolución Comunista Rusa en gran parte y en contraposición al monoteísmo que no toleraba sus creencias y se hicieron ateos (Aún más con la caída de la Revolución) Y en su mayoría Anarquistas aunque persisten solapadamente con sus antiguas Deidades y todavía Demian es el Dios de la fortuna al que se le rinde ofrendas y cumple los deseos aunque poco se sabe acorde a la negación y persecución incluso aniquilación de comunidades y sectas originarias: (Los sectarios eran comunidades que se resistieron a la doctrina eclesiástica preservando su propias creencias y recreando su propia idiosincrasia cómo los Gálgaros, aún podemos leer “Carmina Burana” muchos incluso sin negar la figura de Jesús. Y sumada la pacatería “espiritualista y moral” y al propio libro de Hesse. La verdadera genealogía de Demian en todo su esplendor nos es desconocida… Lo que se relata es pura ficción.


Demian

Para Pablo y Belén…


DEMIAN
(El Apóstata)

Apartando su cabeza del fuego, su cuello tieso y relumbroso con una sombra incipiente que estaba posada sobre la mitad de su rostro Demian acunó sus manos suavemente apoyándolas una sobre la otra. Miró a diestra y siniestra concentrado; observó largamente las llamas ardientes en la fría espesura del bosque... Abrigaba su espíritu el fragor de las llamas y halló entonces la mirada de la luna en el cielo y así promovió su palabra; dijo con su voz juvenil y temblorosa:
Luna... Tú...
En la hora nocturna...
No perteneces a la noche de los hombres solitarios. Me has conducido a mi hogar y tu mirada de dulzura es el sosiego en mi espíritu sensible que ahora en vos reposa...
¿Recuerdas cómo estaba solo y me hallaba en la oscuridad del camino? Cayó la noche y mi travesía infructuosa cuando la oscuridad y la muerte acechaban... ¡Lo que ha sido para mí caminar sobre tus pasos y tus luces entre vos y la piedra! Sobre el manto oblicuo de tu mirada que tejes para los hombres perdidos. Tu sombra es asombro de lo luminoso que parece poblar la oscuridad y ensombrecer la luz dulcemente tan sólo el amor guió mis pasos, mi gozo y mi ternura...
El viento salvajemente levantó una cortina de hojas y de polvo y cegó el paisaje silvestre que se debatía ensordecido. Demian observaba boquiabierto mientras la luna lo miraba leonina y maternal; él le hablaba a través de aquella blancura impoluta y claramente espléndida cuando sus palabras enmudecieron en sus labios; bebía de ella como del pecho de una madre. Abrió su corazón y cuando sus palabras nuevamente comenzaban a fluir el viento hizo vibrar oleadas de sombras y el cielo pareció batir su oleaje ennegrecido.
Mis palabras son las palabras de la noche... Pensó mordiéndose los labios para no continuar. La luz mortecina había transformado el paisaje en un escenario etéreo y difuso. Los sitios que cubría con su manto eran ahora como inmensos lagos que aparecían aquietados prontos a ocultarse semejantes a la entrada de un nuevo mundo.
¡Un abismo dónde ningún hombre se atrevería a posar un pie!
Oyó Demian le advertía su propia voz. El sonido rozó sus labios se irguió y el fuego se alzó en su rostro. Caminó hacia el valle espectral extendiendo levemente sus brazos y sintió con todo su cuerpo cómo se abría la noche y los árboles robustos como guardianes lo acariciaban con sus ramas sin prodigarle un sólo rasguño. De pronto, asustado, dio un giro brusco pero cuando escapaba, oyó una voz femenina que le preguntó:
¿Eres tú quién estuvo aquí antes?
¿Por qué estás tan triste?
¿Porque huyes?
¿Quiénes te persiguen ?¿Y porqué quieres morir?
¿Por qué estás tan solo?
Se bueno y ven conmigo... Ven.

No me preguntes y perdóname. Dijo Demian con la cabeza gacha y salió corriendo hacia su campamento... Allí sintió el calor del fuego y celebrando su pronto regreso dijo como si fuese oído por las llamas crepitantes: Es hora de dormir ya... No pertenezco a la noche y tú lo sabes. Es tarde... Dejemos pues las cosas en su lugar. Luego apagó el fuego delicadamente apartando uno a uno los leños ardientes que luego cubrió con tierra hasta la última braza. El frío y la oscuridad lo invadieron de pronto y antes que sus ojos pudieran adaptarse a la oscuridad entró en su pequeña tienda de campamento y se cubrió de pies a cabeza tiritando... Con los ojos muy abiertos dejó que la oscuridad entrara en él lentamente. Y cuándo el sueño estaba por embargarlo completamente oyó en su interior una voz áspera y ruda que clamó repentinamente:

¡Suelten a los Hombres...!

Demian dio un brinco y al intentar ponerse de pie estuvo apunto de derribar la tienda en la que no cabía parado. Recordó aquellas palabras y comenzó a reír... Incómodamente y corvo dentro de la tienda no halló más remedio que recostarse nuevamente. Repitió tres veces aquella frase y no pudo evitar la risa cada vez y se alegró de poder reír; como su propia risa le impedía pensar aquella frase con mayor corrección aprovechó el divertimento y se puso de pie nuevamente con cuidado para no derribar su tienda y procurando la mejor posición para no sentirse extrañamente encorvado. Recobró primero el aliento, esperó un momento a que el escozor de la risa se disipara y acompañando sus palabras con un movimiento calculado de su brazo derecho para que los límites de la tienda no se le impusieran a su fantasía dijo imitando aquella voz...
¡Suelten a los hombres! Entonces escuchó fuera de la carpa unos bufidos roncos y el terror se apoderó de él. Velozmente se dispuso a cerrar por completo la entrada de la tienda e intentó calmarse. Pero mientras ajustaba la entrada con mano calma. Entrevió una figura parda y alargada que comenzó a rondarlo, gruñendo. Aterrorizado escuchaba los resoplos y olía el hedor que la bestia emanaba y sintió estupor cuando aquella bestia con sus enormes garras intentaba hacer un pozo al borde de su tienda para olfatear el interior. Se sintió perdido... La pequeña tienda de campamento no era obstáculo suficiente para el feroz animal. Demian para recobrarse y sin hacer el menor ruido apoyó en el centro de su frente el dedo anular como si fuera una varita mágica y se concentró en aquel punto casi imperceptible que se extendió hasta cubrirlo por completó y sólo entonces se sentó en el centro de la tienda. Apoyó el mango de su cuchillo sobre la boca del estomago y agachó la cabeza para concentrarse y escuchar los movimientos de la fiera. En ese momento sintió que esta se apartaba y el sonido hueco de sus pesadas patas le heló la sangre; recuperó la postura temiendo un sorpresivo ataque pero el animal se distrajo con los restos de comida que halló en sus trastos y Demian permaneció a oscuras en aquella posición inmóvil durante largo tiempo mientras la bestia parecía debatirse, entre partir o atacar.
Una vez que se sintió seguro de que aquel el animal hubo desistido de su banquete; en su mente conturbada resonaron nuevamente aquellas palabras, severamente...
¡Suelten a los Hombres!
Pensó ahora Demian aún sin comprender pero la frase ya no le causaba ni la menor gracia; se recostó en silencio y el sueño se posó sobre él...
Estaba en silencio con los ojos abiertos, pero de pronto; se hallaba en un calabozo estrecho de tamaño similar al de su tienda. Alzó la vista y vislumbró las rejas que cerraban la celda en ángulo de 45 grados. Demian no podía diferenciar si se hallaba en una jaula o en una celda. Recostado y sin cambiar de posición percibió que junto a su cuerpo se abría una fosa sin fondo. En ese momento el sueño se convirtió en ensueño. Al instante distinguió a una turba colorida que le lanzaba gritos insultos y escupitajos. De una puerta salieron tres leonas hambrientas. Demian se puso de pie y se acercó hacia ellas y comenzó a acariciarlas. Una leona se echó a sus pies y luego de un momento volteó patas arriba para que le acariciara el vientre. La otras dos rugían ferozmente a la turba que comenzó a arrojarles piedras. Las leonas cada vez más furiosas buscaban desesperadas la manera de arrojarse sobre la multitud. Una de ellas saltó a través de una profunda fosa y quedó colgada con sus garras delanteras; la gente huía despavorida lanzando gritos. Varios soldados se alistaron rápidamente armados con arcos pero las flechas no hicieron blanco y la leona más robusta de las tres ascendió a las gradas y lanzó un rugido aterrador y victorioso. Demian continuaba acariciando a la leona que lo miraba con ojos tristes y tiernos. La otra leona intentó saltar pero cayó a la fosa al no poder sujetarse y la multitud dio un grito de terror. Las flechas se acercaban cada vez más a su blanco. Demian miró los ojos de la enorme leona que caminaba sobre las gradas furiosa y que lo miró también; hizo un gesto brusco con la cabeza y la fiera con toda su potencia arremetió contra la multitud. Luego Demian volteó la mirada a la leona que estaba echada a sus pies y le rogó con ojos suplicantes...
Huye, que no te atrape; huye… ¿O has venido a que te matarán? ¡Huye!. Para mí esto no es más que un sueño: ¿Pero lo será para ti? Por favor, te lo ruego. Mira... Le dijo recobrándose. Y verás que lo que digo es cierto. Y señaló unas puertas que un momento antes no estaban y que se abrieron de par en par. La leona se levantó algo ofuscada y dirigió su mirada hacia la otra leona que se abría paso masacrando a quienes encontraba en su camino. La furiosa leona con múltiples heridas sangrantes aún seguía matando y sus garras y dientes teñidas de rojo relucían de furor... Demian se arrojó de rodillas:
Te lo ruego huye mientras puedas. Y al ver que la leona no le hacía ningún caso comenzó a llorar y a sollozar. La leona lo miró girando a su alrededor se inclinó hacía atrás sobre sus patas traseras para tomar impulso y emprendió una carrera violenta hacia la fosa y cuando estaba a punto de saltar Demian despertó gritando:
¡Madre... Porqué me abandonas y me haces sufrir acaso no he sufrido lo bastante!
Estaba confuso de sus palabras pero luego de un momento agregó enfurecido...
Seré rudo y aprenderé la lección.


II


El sol cada mañana calentaba rápidamente la tienda de campamento pero el joven Demian soportaba cuanto podía antes de salir y se quedaba horas leyendo cantando o meditando sobre sus asuntos hasta que el sudor lo cubría por completo y tenía dificultades para respirar; desató la entrada de la tienda y la hizo a un lado de un manotazo abriéndose camino sudoroso y despreocupado caminó unos metros hacía un árbol caído que le servía de asiento. Juntó los trastos que estaban esparcidos por el suelo y se sentó. Repentinamente sintió como si lo observaran conteniendo la risa y miró hacia el cielo. Sorprendido notó la mirada de la Luna reclinada hacia un costado. Oyó una risa de mujer...
El joven se irguió violentado, no lograba articular palabra... ¿Qué hace aquí? Pensaba. ¿Que quiere ella de mí?... ¡Se burla, eso es! Pero de pronto entre sus tribulaciones y pensamientos inconclusos oyó una voz tierna decir:
¿Pero no dijiste tú que habías aprendido la lección? Demian no hallaba reparo pero dijo: No hablaré más contigo, no soporto tus burlas.
Perdóname... Dijo suplicante una dulce voz. No pensé que fueras tan susceptible. No te das cuenta que estoy aquí sólo para estar contigo. ¿Acaso no me pediste que no te abandonara?
¿Por qué me haces esto? Preguntó Demian entristecido.
Al tomar asiento escuchaba mirando al suelo, preocupadamente...
Estabas tan triste y tan solo... Y no puedes negarme que lo que tú deseas y callas es morir... Así como tú puedes escuchar mis palabras yo puedo ver en tu corazón. Dijo con severidad.
¿Podrías entonces comprender que haya querido alegrarte un poco y hacerte una broma?
Una broma... Repitió Demian en voz alta volteando la cabeza a un costado.
Sí, alégrate hijo mío... Y hazle caso a tu madre.
¿Mi madre...? Dijo Demian agarrándose la cabeza.
Sí, tu madre; ¿O no es así como me llamas...?
Estoy confundido perdóname, no sé que decir...
Ahora estás confundido por que has cerrado tu corazón pero no es obstáculo para mí... Escúchalo y dime que es lo que dice.
La vergüenza se desvaneció y Demian prestó oídos a su corazón, luego sonrió.
Vamos; dijo la Luna… Quiero oírlo aunque sea una sola vez, dime...
Te amo... Dijo Demian con voz tierna y esbozando una hermosa sonrisa.
Y yo te amo a ti... Le dijo ella. Y nunca te abandonaré.
Demian nuevamente conturbado agachó la cabeza.
No entiendo, no logró entender... Dijo con voz sombría.
Así vas por mal camino. Fue la respuesta.
Escúchame y presta atención... ¿No entiendes?
La voz amada se perdía y Demian comenzó a tambalearse.

Comprendes ahora lo que se siente... Culminó la luna que estaba totalmente compenetrada con sus dichos, Demian ya no resistió y cayó de rodillas al suelo y luego se desplomó por completo. La voz femenina de la luna clamaba: No desfallezcas amor mío...
¿Qué has comprendido? ¿Me oyes? Respóndeme. Demian escuchaba atónito aquellas palabras de la luna a plena luz del día y sintió que su brazo estaba apoyado sobre las brazas que ardían desde la noche anterior y que aún emanaban calor pero continuó inmóvil y dijo:
Yo amo al fuego y el fuego también me ama...
¡Levántate! Le ordenó la luna. ¡Levántate, te hará daño! Su piel parecía comenzar a chamuscarse. ¡Levántate! Rugió nuevamente la Luna. Claro que te ama, por supuesto...
¿Pero qué te ocurre, qué has comprendido...? ¿Te molestó lo que te he dicho? ¿Fueron mis palabras?
Sé que me amas. Dijo Demian seriamente. Y sé que también el fuego me ama.
Pero que te ocurre... Bramaba la luna. Has enloquecido, ¡Claro que te ama! ¿Por qué le haces esto si él te ama...?. ¿Acaso tú no lo amas...? No puedo comprenderlo... ¿Te has vuelto tonto? El fuego te ama pero tú eres como él; quemas lo que amas.

Repentinamente Demian sintió un terrible dolor. Lo que un instante atrás era una leve caricia sintió que ahora le hería. Giró sobre sí mismo rápidamente y se alejó de las brazas.
Perdóname... Dijo la luna desconsolada. No quise... En verdad. No quise...
Demian sacudió las cenizas de su brazo y su rostro y se preguntó... ¿Por qué no me quemó el rostro...? La luna enmudeció. Demian se acercó hacia las brazas y pateó con fuerza el lugar adonde hacía un momento se hallaba tendido y cientos de chispas volaron por los aires, furioso continuó desparramando las brasas y por doquier volaban chispas.
No... No, No, piedad, clamaba la luna. Lo has ofendido y él te ama. Eres cruel e impiadoso.
¡Silencio!. Gritó Demian, enfurecido. Y luego se sentó nuevamente en el árbol caído, y comenzó a sollozar. ¿Qué quieren de mí?
¿Pero qué he hecho, qué quieren de mí, quién crees que soy...?
Se lamentaba Demian.
¡Te castigará, te castigará. Eres muy malo, te castigará! Demian perturbado buscó cobijo en su tienda; el silencio alegró su espíritu y al cabo de un momento se durmió.
III

Despertó poco antes del anochecer. No recordaba lo ocurrido y sentía sed así que se dirigió hacia la casa de Jesús donde había un grifo. El camino era corto y llano; un estrecho sendero en el bosque que desembocaba en una casilla donde la sobrina del baquiano despachaba víveres para los pobladores. De otro modo, para obtener agua, debía descender el monte escarpado hasta el arroyo lo que resultaba demasiado trabajoso. Y a Demian le agradaba la conversación de su vecino próximo y la de su sobrina. Pero la casilla estaba cerrada y no había nadie. Así que llenó un jarro con agua y regresó hasta su tienda. Poco a poco recordó lo que había ocurrido y le pareció un sueño. Juntó algunos leños y encendió el fuego y se lamentó de no haber hallado alguien con quien hablar. Su comportamiento era algo tosco como si aún no se hubiera despertado del todo. Encendió algunas ramas y la pequeña llama se apagó y se recostó para soplar las brasas y encenderlas nuevamente.
Ten cuidado... Oyó, como si él mismo lo pensara con otra voz. Demian hizo una mueca y se recostó. Eres valiente... La misma voz le decía. Alzó la mirada hacia la luna y dijo:
Si el fuego está frío, temeré y tú habrás desaparecido… ¿Ahora te escondes como una ladrona? Me has robado el corazón y te burlas de mí... Y el fuego abrasó los leños y comenzó a arder, bullicioso.
¿Comprendes...?. Le preguntó Demian a la luna. El fuego quema y la luna no habla. Entraste en mí como una ladrona, no te lo perdonaré. Tú enloqueces a los hombres y los matas. No te lo perdonaré. Yo no hablaré más contigo; habla con los enamorados. Demian furioso observó arder el fuego al igual que su corazón y sintió deseos de tomar con sus manos aquellas llamaradas y arrojárselas a la luna pero el fuego se apaciguó y Demian recuperó la calma y se sentó junto y le dijo:
Tú eres mi compañero y mi amigo... Me das calor, cueces mis alimentos; me proteges de las fieras y me alegras el espíritu con tu danza y tu belleza. En ese momento estallaron unas brasas y Demian rió y dijo bromeando... Y lo más importante es que no hablas con palabras. Las palabras necias y vanas enloquecen. Tú haces tu trabajo, cumples tú misión y brindas sabiduría. Por eso te elijo... Las llamas se aquietaron y Demian notó que la leña escaseaba... Te conseguiré alimento y nos divertiremos porque alumbrarás esta noche para que juntos le demos una lección a la luna habladora. Demian se irguió y las sombras centellearon en los árboles. La apariencia de aquella fantástica multitud y su ánimo festivo le hicieron trastabillar y se asustó. Para recobrar el ánimo extendió sus brazos y dijo: Bienvenidos a la fiesta del fuego, divirtámonos en paz. Mi ánimo alegre atraviesa la noche celebrando cantando y bailando...
¿Tú no eres el mismo que dijo que las cosas de la noche sólo le pertenecen a la noche? Le reprochó entonces la luna.
Es cierto... Respondió Demian... Fui yo el que dijo eso pero no caeré en tu trampa.
¿Acaso debo explicar mis deseos de celebrar y ser feliz?
¿Acaso ya no deseas morir? Preguntó la luna contrariada.
No. Respondió Demian.
¡Entonces celebras la vida...!
No. Respondió Demián.
Celebro un hallazgo... Dijo sin vacilar y agregó.
En soledad y alegremente...
¿Pero no eres tú el mismo que dijo que la soledad no existe...?
Nos sentimos solos cuando pensamos en quienes amamos y que no están a nuestro lado. Sufrimos la soledad regodeándonos de recuerdos que nos hieren pensando en los otros y en lo bello que sería estar acompañados. Por eso dije que la soledad no existe... Porque los recuerdos me torturaban y porque no dejaba de imaginar la felicidad en compañía. Pero hoy hallé a mi hermana mayo; la soledad, en lo profundo de mi corazón... Estaba allí conteniendo la risa escondida. Y cuando noté su delicada presencia la felicidad me envolvió por completo. Supe por en cuanto que no necesito alejarme para gozar de la soledad. Incluso celebro tu presencia aún "alunado". No te sientas desdichada. Mi hermana la soledad nunca está sola, se encuentra acompañada por mi silencio. Las palabras la hieren porque le hablamos sólo de desdichas y le decimos que no es buena; que no es grata y que no nos satisface. Pero cuando ya no encontramos manera de lamentarnos y de rechazarla, ella nos toma en sus brazos y nos arrulla con ternura. Nosotros agobiados aún no la distinguimos entre tantos fantasmas que nos hemos creado parloteando y lamentándonos pero siempre nos dormimos en sus brazos. Y es cuando ella nos habla con dulzura y espanta los malos sueños. Pero su voz es tan dulce y tan suave que no la oímos anegados en su amor. Ella nos dice: Eres lindo cuando duermes... Y nos acaricia con sus cabellos oscuros. Y si torcemos la boca ella nos besa. Y si aún continuamos torturándonos con nuestro abandono... Ella posa sus mejillas rosadas en nuestra frente y nos dice: Sueña; la vida es hermosa. Y nos besa los ojos. Y también nos dice: Yo soy tu soledad, y te amo... Eso es todo, por lo general. Pero a mí me ha dicho algo más. Yo soy tu soledad y te amo a ti, que eres tan perezoso y refunfuñas; pero pero para ti soy también tu alegría... ¿No te has dado cuenta? Y cada vez que te miro a los ojos y te veo sufrir sufro contigo y espero a que te calmes para darte mí amor. Eres tan hermoso... Así que te lo digo todo de una vez; soy tu hermana mayor, la soledad, y si abres tu corazón a mi amor seré tu alegría. No me ofendas y serás dichoso. Luego inspiró en mí, un sueño...
Caminaba por la calle y me encontraba con un viejo conocido. No sabía hacia dónde me dirigía. Pero como estaba solo fui con aquél siguiendo su camino. Este conocido mío se comportaba de manera vulgar, tenía mucho dinero que auguraba diversión y compañía. Bebimos mucho vino, estuvimos con muchas mujeres y reímos. Y uno a uno fui encontrándome con todas las personas que deseaba ver hasta quedarme nuevamente a solas con él. Entonces sentí que aquel conocido a pesar de nuestras diferencias se convertiría en un amigo y entonces quise ofrecerle mi amistad pero luego sentí que no había nada que pudiera ofrecerle. En mí habitaban sólo palabras de reproche y ya no sentía deseos de beber ni de estar con mujeres ni de andar encontrándome con más gente. Cuando quise darle mi amistad él sentiría que yo lo rechazaba, pensaría que sólo había estado en su compañía para saciar mis apetitos. Me avergoncé, y le confié entonces a mi amigo mis pensamientos...
No tengo riquezas porque no sé disfrutarlas. No me agradan las multitudes por que no me reconozco en ellas y me pierdo. El tonto sigue al más tonto. No me agradan las fiestas porque luego mi alma sufre ensombrecida, y me tortura. Mi amigo me tomó del hombro y me dijo:
Cuando me encontré contigo sentí que tú camino era mejor que el mío... Creí que me pedirías que te acompañara y me enseñarías y hablarías con palabras bellas. En cuanto noté que dudabas y que no sabías que hacer me sentí ofendido y quise dilapidarlo todo ante tus ojos, con arrogancia. Así quizá, embriagándote, obtendría lo que necesito saber... Dime: ¿Cuál es el secreto que guardas en tu corazón y te niegas a compartir? En ese momento me desperté sobresaltado. Gritando...
¡Mi alegría... Mi alegría!
Porque mi alegría es poderosa. Mi alegría es silenciosa y duradera. Mi alegría es la marcha por el camino más difícil. Mi alegría es la soledad. En ella me forjo para los tiempos futuros. En ella crezco, y me fortalezco con su sabiduría...
Demian silenció sus palabras en el viento que sacudía las copas de los árboles se irguió al momento y fue en busca de más leña; el fuego debería arder más que cualquier otra noche. Pero apenas dio unos pasos entre las sombras quedó perplejo al ver una hermosa flor iluminada en su hermosura por la muda luz de la luna.
¡No es para ti...! Le Dijo la luna entristecida.
Demian se echó a reír... ¡Pero qué casualidad! Dijo en tono de sorna.
Dije que te daría una lección. ¿No es así...? Dijo Demian.
Ella no existe... ¿No es cierto? Fue sólo un truco y te saliste con la tuya, lo admito. Demian se encaminó donde el fuego empequeñecía.
¡No te vallas, no me dejes sola!

III

Demian estaba sentado junto al fuego contemplando el amanecer. Las sombras se disipaban y su mirada se expandía hacia lo lejos y avizoraba aquello que invisible alertó su vigilia durante la noche. Pero de pronto, la soledad desnuda se apareció a su lado y lo miró dulcemente. Demian hizo un gesto ligero para tomarla de la mano, y le dijo:
Ahora sostengo tu mano y soy dichoso; la muerte y la oscuridad son mis amigas pero no las extrañaré. ¿En qué no he pensado al estar danzando de la mano con ellas en ronda alrededor del fuego?; La muerte asía mi mano e iba acostumbrándome a esas manos huesudas y la oscuridad me miraba como un millar de ojos negros. Y cuando me mira la tristeza, y mis entrañas se crispan en el hambre y un costal de sapos es mi cuerpo; mi mirada es la del señalado por tus delicadas manos de mujer que animan lo que tocan... Si tu deseo es capaz de derribarme, mi deseo puede destruir el amor. Demian se irguió lentamente y la beso en los labios, su cuerpo se tambaleó y con esfuerzo calculó sus movimientos para no trastabillar apesadumbrado observó la caída del sendero hacia el arroyo, entre las piedras se tendía el camino; entre piedra y piedra elevaría sus pasos hacia el poblado. Miró las suelas de su calzado que colgaban como lenguas caninas. Y dijo bromeando:
Ay, mis fieles guardianas ya están prontas. Luego en silencio las ató y emprendió la marcha sin mirar atrás la tierra áspera acariciaba con sus manos pero resbaló y sus rodillas golpearon fuertemente entre las rocas. Apenas luego sintió como su cuerpo abrazaba la inmutable presencia de aquella roca inmensa. Apoyó su tibia mejilla contra la fría y rugosa superficie; la temperatura de la piedra le animó, refrescándolo. El dolor no cesaba pero sentía como una caricia, un sostén. Tendido sobre la roca lo distrajo la sangre que brotaba de su nariz. El joven se llevó la mano a la nariz y sollozó. Luego miró su mano ensangrentada, lamentándose. Estaba aprisionado por sus rodillas en una cavidad entre una enorme roca y otra de menor tamaño en riesgo de caer hacia atrás entre la piedras sobre el arroyo. Demian sentía la corriente a sus espaldas; como voces de espíritus milenarios que sobre las aguas reclamaban su vida. Abrazó la roca con todo su cuerpo extendiendo los brazos pero sus piernas estaban atoradas y entumecidas. Se irguió un poco y volteando la cabeza con sus antebrazos ya firmes sobre la roca helada. Le dijo: Hazme reír en mí camino. Soy tu pasajero y mi cuerpo es de limo y cáñamo... Tú eres la estrella en el firmamento y por eso yo conozco bien mi camino. Los filos agudos de mi debilidad ahuyentarán a tú único enemigo, el tiempo. Demian con los brazos tensionados yacía torcido sobre la roca; entonces se dejó caer como un peso muerto sobre su lado izquierdo extendiendo su brazo lo más que pudo hasta que se lo impidieron sus piernas apretadas, una contra la otra, en desorden. Entonces Demian alzó su brazo derecho apretando el puño pero su posición le impedía descargarlo sobre la roca. El único ángulo para un golpe coincidía con la articulación de su codo. Elevó su mirada hacia el cielo. Su cuerpo cimbró y sus piernas quedaron libres. La piedra en su quietud le recordaba su soledad. Y Demian le dijo a la roca. Eres tan pacífica y simple, tan difícil como fácil de evitar. Ofrezco mi vulnerabilidad a tu fuerza porque en tu mundo habitan los secretos y eres estrella y niña de ojos azules. Y ríes entre los aleteos de los pájaros...
Demian entonces oyó una voz recia que le dijo:
Aún el pájaro ciego no canta en la noche ahora la luz del misterio se ha ido. Ilumínate y se dueño de ti de tu mundo y tu naturaleza. Si tú no me entiendes es porque no eres a quien van dirigidas mis palabras, y debes seguir tu camino como si nada.
Demian se reclinó y tomó una piedra que halló a sus pies y dijo: Piedra sobre piedra. Secreto sobre secreto. El hombre que camine sobre nuestro corazón deberá hacerlo sobre las aguas, y el hombre que lo hiciera será vil y despreciable. Y arrojó la piedra con furia contra la roca inmensa.
Yo arrojo la primera piedra y en ella el deseo del bien... Pie, pie. Piedra sobre piedra.
En los dichos del hombre soy como un cuenco dónde resuena fúnebre la melodía seductora de los ángeles del Apocalipsis. Hubo mucho muerto, y mucha peste."En el reino de los cielos se cuecen habas". Eso dijo el pájaro ciego durante la noche al que la luz no perturba.

Tres kilómetros anduvo Demian bordeando el arroyo. Pasó detrás del cementerio y al llegar al primer puente tomó el camino al pueblo y luego anduvo entre las chacras camino de la montaña. Se acercaba la fecha de la Navidad y el trabajo escaseaba.
Sólo oigo hablar de un Dios y hacia él me dirijo. Pensó Demian, y luego entró en una chacra donde algunos hombres y mujeres formaban fila frente a una mesa que dejaba entrever un lugar vacío bajo la sombra. El sol caía con furia sobre el valle y la gente esperaba en silencio. Cargaban con una caja de madera que contenía algunos frascos llenos de fresas. Demian se colocó último en la fila. La paga era de 25 centavos por frasco, cada caja albergaba diez frascos y sólo contaban los frascos totalmente llenos. La paga por la caja completa era tan sólo de dos pesos y medio.
Allí están las cajas con los frascos vacíos, no esperes para tomarlos. Le indicó un hombre de aspecto originario de la zona. Pero el patrón te tiene que decir cuál es tu cuadra. Agregó, volteando luego hacia la mesa. Al cabo de un instante un hombre joven se acercó al lugar acompañado por otros dos hombres que hablaban en un idioma extranjero y que se deleitaban con el paisaje. Demian tomó una caja que llenó de frascos vacíos y esperó a un lado. El patrón quitaba los frascos con fresas de la caja y luego tomaba de los frascos las fresas necesarias para llenar los otros completamente. La fila corva hastiada de sol y de harapos abrigados que los cubrían por completo agachaba la cabeza; de diez frascos pagaba sólo seis. Y los cuatro restantes por incompletos debían ser rellenados para que el trabajador reciba el dinero por el esfuerzo ya realizado. Ninguno en la fila logró finalmente que le pagaran la caja completa. La cosecha llegaba a su fin y era difícil hallar fresas que no estuvieran podridas o resecas. El joven patrón lo guió hasta una de las pocas cuadras aún utilizadas. Y le dijo: Hay pocas pero hay. Demian se esforzó por verlas pero no vio ninguna, entonces arqueó los hombros. El patrón apartó con su brazo apartó las ramas y le enseñó algunas fresas que se hallaban más de un metro dentro de la planta, imposibles de alcanzar. Toma solamente las grandes así llenarás más frascos. Le dijo al marcharse. Demian aguzó la vista y recorrió la cuadra y entre la maraña de espinas divisó una fresa del tamaño de una frutilla. Se abrió paso hasta casi caerse dentro de la planta y la alcanzó para luego comérsela. La fresa tiño sus labios de rojo. Demian sintió que sus entrañas se aflojaban un poco y dio un salto de alegría. El color de la fresa es el color de la sangre. Pensó.
Los frascos luego de llenados eran sellados y exportados. Demian que no cejaba en la búsqueda encontró otra fresa similar. Y dijo: Quien pague este frasco de fresas deberá tener suficiente dinero. Pero aún así no pagará la fresa que yo como, ni la comerá. Las espinas ya le habían surcado los brazos trazando innumerables caminos y la sangre temerosa de los surcos por el ácido de los fluidos de la planta bajo el sol embebidos de sudor comenzaban a arderle y a latir. Entonces; la sangre invadió sus sienes y su cuerpo parecía estallar en sus labios rojos. Furiosamente Demian cada vez que hallaba una fresa de buen tamaño la comía. Sus brazos se poblaron de rayones y de sangre ardorosa. Continuó hasta que le fue imposible apenas vislumbrar un fruto más. Había llenado dos frascos y un tercero hasta la mitad en tres horas de hiriente valía. Vació el tercer frasco y dispuso las fresas más grandes en equilibrio sobre los otros que rebozaban. Las fresas caían por su peso, Demian las recogía y ubicaba cuidadosamente en su lugar. Hasta que llegó a la mesa dónde lo esperaba el joven patrón sonreía con la boca teñida de rojo y todo su cuerpo ardía como el fuego. Puso sobre la mesa los dos frascos rebosantes y el joven patrón con mano raza desplazó las fresas sobrantes que cayeron sobre la mesa y le dijo: Un poco más, y llenas un tercero. Demian entonces con ambas manos tomó las fresas desparramadas y se las sirvió de un bocado y de su boca comenzó a brotar el jugó salivoso y sanguinolento de aquel fruto dulzón. Por pudor se enjugó la boca y el ardor de las heridas lo consumió un instante. Ya no hay más... dijo; con la boca aún llena de jugos y fibras, que se le salían por las comisuras.
Dos frascos, un peso. Dijo el joven patrón errando el cálculo. Demian no soportaba más el flagelo del sol y asintió desmesuradamente con la cabeza.





IV

Mientras ascendía sobre la montaña y pasaba junto a un árbol de raíces longevas. Él decía como para sí mismo:
Algo de eternidad tiene el hombre.
Entonces, repentinamente… Demian exclamó y gritó: ¡Oh, Dios servil! ¿Porqué tú darás gloria omnipotente? Si tienes una rueda la rueda no gira. Los metales giraran la rueda sobre el cuerpo.
¡Servil Dios dinero! ¡Oh, Vida tú...!. Y el rostro de la jornada saludable en el cuerpo. Demian sintió doblemente su peso al trastabillar y rió. Y algo le animó a observar que frente a su vista había una vara como de su estatura junto a un árbol pequeño y reverdecido. Demian pensó:
Hombres... Algo de mortal tiene el espíritu. Mi deseo vital, pequeño e irreversible. Mientras Demian subía velozmente y articulaba secretamente sus palabras. Murmuraba cabizbajo y daba grandes pasos. Levedad... Bien ínfimo... En las pequeñeces del pecado: El bien. Deseo y Razón. Al tocar un árbol alzó la voz levemente: Soy mi cuerpo ante vos... Naturaleza. Las hojas lo acariciaron con el viento. Demian prosiguió ascendiendo velozmente.
En el sentido de la palabra yo abrazo este cuerpo. Dijo y se posó en un árbol y después de abrazarlo y reposar alzó la vista hacia la cima de la montaña: ¡Vanidad de los dioses como tú! Dinero.
Sólo el fuego arde y quema de los elementos.; ¿Cuerpo y monedas? Bien...
Los brazos le ardían como culebras del desierto. Como la clarividencia de las aguas es el espíritu. Pequeñez... ¡Elevándose sobre las palabras con el viento que gira en la cima! El fruto, cultivo y alimento a cada paso en la abundancia. La Tierra, silencio sobre silencio. Espíritus del bien; yo deseo animarme a usar tus alas de agua sobre los árboles muertos. Florecerás del barro angélica y celeste; dama en la noche, a ti te elijo hermosamente adornada. Sólo tú miras a Dios a la cara; en vos se suscitan las cosas, como aflora la vida salvaje, mis palabras. ¡A cada paso se yergue un hombre libre! Anima mis pasos y alégrate en mi dulzura hacia vos que guías los pasos de las fieras y me complaces. Tú que me alimentas; devota y amada... Un rayo de luz. ¡Pureza...! Mírame; leve como un pájaro. Emplazamientos, desplazamientos del vuelo de un colibrí en el fruto rojizo de tus besos maternales. Mírame... Cada signo es una puerta que se abre en un gesto. Ningún signo espera cuándo vos eres multitud de señales. En tus vados aprenden el lenguaje de los puercos aquellos hombres, allí abajo. Pero Demian oyó una voz y sintió que su corazón desfallecía, pletórico.
¿Las mujeres arden en tus brazos? Dijo la tierra.
No. Respondió Demian. Las mujeres me besan cuando estoy partiendo. Y no halló el silencio para sus palabras.
¿Acaso las mujeres no te aman? Dijo la voz femenina algo cómica...
Entre los árboles, fastuoso un rayo de sol irrumpía en ardor sobre los brazos de Demian que cayó al suelo hormigueado por fuertes dolores en todo su cuerpo.
Cercano a la cima asoma el guardián... No quiero oír su voz. Posa sobre él tu mirada, te lo ruego. Demian se arrastró hacia la sombra de un viejo ciprés cubierto de tierra y de sudor. Dura es tu carne y roja. Eres firme como el viento y vistes como una mujer solitaria. Tu altura como la de veinte hombres cultos sobre el mar. Y tu paso es el camino de la belleza y la sabiduría.
¿Quién eres? Preguntó el árbol.
¿Por qué me hablas así en mi cobijo? Percibo sangre y me disgusta. Levántate y sigue tú camino, pero regresa. Y Demian dijo:
Ella te observa desde mi lado, despreocúpate. Tú no lanzas a los pájaros en la noche, no gritas de dolor cuando ellos cantan. Yo aborrezco mis sienes sin tu trazo amable. Y empleo mi voz en tu nombre así cuando te amo... Sé valiente y vive mil años. Demian se irguió y emprendió la marcha pensando:
Desplazamientos... Meras palabras. La razón y el error elevan con el viento las palabras y los oídos del mundo. El sentido. El error. La razón. El bien...

Procurando las sombras Demian subía la montaña errabundo sin detenerse y huyendo de los rayos solares que a sus heridas colmaban de dolor entremedio un silencio de dientes apretados sabiendo hallaría el momento de la dicha. Suelten a los hombres… Le recordaba su sombra. No habría noches ni días para él; sería aquél hombre despreciado y fugaz y nada esperaba ya… Se avecinaba el tiempo de los tiempos. En la cima se encuentran los verdaderos hombres, para vivir o morir. Y fue entonces… Supo entre dolores y sin angustia que su camino traería la fortuna para todo aquél que mencionara su nombre y le brindara el amor prodigo en el ritual del viejo mundo. Volvería su tiempo. El de la dicha natural del error en el bien por sobre el deseo vapuleado; su camino era el camino de los Dioses de aquellos negados a la luz en las tinieblas. Pronto supo que sanadas sus heridas con hierbas y barro renacería en el Sol. Y fue cuando en su camino un rocío helado anegó el cuerpo herido de Demian; de un manantial cristalino de las aguas fluía y su alma deseosa se vistió de gozo y de frescura.

Demian; allegado al umbral de la luz. Serénate... Y dime tu palabra.
La voz que oía Demian era la de un niño.
Un manto me das y una espada. Respondió Demian.
La luna me ha hecho saber que habla sin sentido y me siento solo. Dijo la voz niña y manantial. Yo soy elemento, y el fluir de las cosas. Dime... ¿Qué quieres?
Música. Respondió Demian. Soy Dios de los ateos y carne viva...
El apóstata... Manto y espada. Y hablo de la diversidad con mi sonrisa pendiente. Elige el camino de mis heridas y sana, de la lobreguez, del espanto... Tú bajas la pendiente y yo la subo. ¡Eterno delirio! Amarras mí espíritu como una serpiente huidiza que va a decirles a los hombres que amas la tierra donde yacen... Demian ungió su rostro. En las frías aguas de mí espíritu... Tú eres el que va.



M A Z U R











HORAS MUERTAS


(Día 1)



Yo no sé, en verdad... Esa música insoportable de los vecinos. Ahora preparan un asado; aún con los auriculares puestos a todo volumen no puedo evitar el bullicio de la "Cumbia Villera"... Ya no me queda dinero, el vecino me debe cinco pesos... Mozart, que maravilla. El dramatismo del Réquiem, la cumbia desapareció y yo siento deseos de abandonarme al llanto...Y otra vez la cumbia cuando la primera voz femenina canta levemente... Todo esto es un asco. Sin más... Aquí dentro y allí afuera. Cuando despierto, mateo hasta que agarro el alcohol. Y después me viene el hambre y como algo, si puedo. Escucho la radio hasta que la ebriedad me derrumba.

Tal es mi estado de abandono. Hoy pienso en la belleza de Paloma, es tan hermosa y además es insolente y malvada... Y ya no la volveré a ver. No hay hombre que no la desee. Y ella tiene su novio. Pero no es lo peor, no... A pesar que quiere golpearme todo sucedió al revés. Yo le atraigo también... Su madre dice que nos enamoramos demasiado rápido. He vivido momentos inolvidables y muy divertidos. ¿Pero que más puedo esperar? Si estoy convertido en un pordiosero borracho. Las últimas amenazas me dejaron listo, liquidado, aislado completamente. Aturdido, sin remedio... No logro comprender cómo es posible que las personas que más quería estén involucradas. Ayer, por un momento, sentí dicha al saber que una de ellas puede llegar a ser procesada. El talón de Aquiles; pensé. Todos los demás implicados quedarán expuestos. Cuándo estaba suficientemente borracho las llamé... En un principio, a una de ellas; le dejé un mensaje para que hablara conmigo e intentar así terminar con esto. Pero no... Finalmente a su hermana le dejé en el contestador un mensaje terminante. Me presento en la semana a declarar en la fiscalía, y se terminó... ¡No comprendo por qué se plegaron en algo así! Otra vez la cumbia, y en cualquier momento el olorcito del asado, para rematar. El vecino me va a querer arreglar con un choripan y un vino. Y lo peor es que lo va a conseguir. Al menos no me denuncia por estar aquí metido. Así después de tan generosa actitud no me atrevo a pedirle la plata. ¡Que ganas de irme de este lugar de mierda! ¡Y qué ganas de joderme la vida! Pero cuando caigan van a hacer mucho ruido; que monstruos inmundos. Aunque no sé, en verdad cuál es la motivación que ocultan. Deben estar peleándose entre ellos... ¿Cómo pueden ser tan idiotas?...

Ay, qué mujer hermosa, Paloma... ¿Cómo logra ser tan cruelmente seductora? De repente estoy echo una porquería. Nunca conocí una mujer tan bella y no me querés dejar escapar pero es inevitable. ¡Que bárbaras las palabras del varón! Ya me tenés a tu merced y es evidente. ¡Lo nuestro es imposible! No puedo sacarme una sonrisa idiota de la cara. Que mala suerte... ¿Pero esta mueca sonriente? ¿Es posible que no pueda dejar de pensar en ella, y con una sonrisa? La verdad es que me gusta por su inteligencia y su malicia inocente, su deliciosa malicia; de hecho nunca había conocido una mujer tan atractiva. Porque es cruel, ambiciosa y avara. ¡Que maravilla...! Y yo que te tenía como en la palma de la mano. Me detengo aquí un poco... No te puedo olvidar...



Y dale con la cumbia... Y no me tiraron ni un hueso. Se termina el tabaco y ya no tengo papel de cigarrillos. Insoportable... Me duelen las orejas por los auriculares. La habitación esta casi a oscuras. Abro la ventana... Es extraordinario, cumbanchero, y angustioso... Definitivamente pienso en ella, en Paloma... Y a nadie le importa un carajo. Ni a mí... Amenazas, Paloma, amenazas, Paloma. Ni siquiera recuerdo si ya la conocía cuando comenzaron las amenazas. A nadie le importe, ni a Paloma ni a mí... Ella es una amenaza de por sí; de tan encantadora amenazó con la sola posibilidad de amar. Hasta pronto logró una campaña donde sus ojos parecen observarme desde los afiches que están por toda la ciudad. Una mirada directa hacia mí…Y modeló con un galán de moda en cosmética para Avon. Lamentablemente no se dio cuenta nunca que me gustaba mucho... El resto me era inconcebible. ¿Y fue azar o fatalidad que su madre me detuviera en la puerta de su negocio para preguntarme si era artista? ¿Y si podía ayudar a su hija? Y yo sólo me concentré en eso… Teoría del color, alimentación y literatura de acuerdo a su psicología, perfil y la crueldad del medio. Crueldad es exponerse le decía etc. Hasta rubor natural y su manera de mirar. Debía estar preparada. Tanto es así que la última vez que hablamos continuó maravillosamente en su intento de seducirme. Y eso es muy raro en ella... Por lo general a los hombres simplemente los desechaba con una sonrisa. Ahora sé que se enteró por la madre. No comprendo aún porqué pensó que yo no me vería igualmente atraído como todos los demás, pero eso la hace aún más hermosa, para mí.




(Día 2)



Llueve a cántaros y entró mucha agua. Pasé la noche bailando recostado en la cama escuchando la radio FM. No pude dejar de pensar en ella...

No encontré las llaves, ya falta poco para que reciba algún dinero y pueda marcharme. La situación es aún muy embrollada y harto compleja, no debo pensar en todo esto... Escucho en paz a Mozart. Aún con el temor de una electrocución involuntaria. Debo declarar de modo contundente sobre la participación de esos fascistas. ¡Cochinos...!



(Día 3)



Temo por mi salud, incluso que Paloma se halle involucrada de algún modo involuntario en las amenazas o peligre dado su carácter. Este asunto es una bolsa de gatos. Aún está todo mojado y he visto algunas babosas, además de las habituales y las cucarachas recorriendo la habitación repleta de hongos multicolores. Mañana debo ir a ver al Psiquiatra, ya casi no tengo remedios y sin pastillas estoy muerto… Pastillas, alcohol y pastillas. Y todo se mezcla. Pero mí decisión es contundente, no claudicaré, más hallá del poder de tan funestos enemigos... Espero estar equivocado y que la participación de estos asesinos sea sólo una trampa. ¿Pero cómo era posible que llamaran a nuevos amigos que nadie conocía y a sus familias y les dijeran que era un guerrillero que quería “adoctrinarlos” y que nos iban a matar? Que debían alejarse de mí…Yo ya había recibido dos cartas, una diciendo que me deje de joder o iban a hacerme “desaparecer” y otra que se la adjudicaba la novia de una alumna del taller que no conocía, obvio ya mayor y con la foto de Dalí, que decía además, “éste sos vos” Cosa que nunca entendí y lo más extraño es que la letra manuscrita intentaba semejarse a la mía. No logro entender esas maniobras o por retorcidas o por idiotas. Ay… Paloma.



(Día 4)



Un día de duelo... De silencio, de odio y muerte. Falleció una niña que participaba de mis anteriores talleres; mi primer alumna por motivos de negligencia en una pileta de un club barrial. Dolor y Odio... Y lo más doloroso fue enterarme por un cartel en una panadería del barrio dónde se requerían testigos para el esclarecimiento de su muerte. El suceso había ocurrido hacía casi un año .Y recordé el último día de taller. Nos contó cuando le preguntamos qué haría en las vacaciones. Dijo que iría a la pileta del club y que habría una competencia pero que no sabía nadar. Mi esposa le dijo: es fácil, vas a poder si querés no sólo vas a poder si no que vas a ganar. ¡Tenés que ganar! Lo recordaba y cada vez más la odié…Es cierto que Flor era algo tímida como que mi esposa demasiado competitiva. Así que cuando entramos un momento para ver sus cuadros hablé con ella la última vez y le pregunté: ¿Tenés miedo? Sí. Respondió… No te preocupes no es importante ganar….A ver… ¿Sabes nadar como el perrito? Eso sí, dijo. Entonces no hay nada que temer que nada malo pasará. Ya sabés que hacer. Luego de ver el cartel en la calle dónde había una Pág. Web fui a un cyber y vi sus fotos, sus poemas y sus cuadros del taller. Y el odio se hizo llanto e impotencia. Y para ella el maravilloso recuerdo de una bellísima Flor que guardaré en mi corazón para siempre... No hay elaboración posible para la muerte de un niño. Cuándo le conté a mi psiquiatra hizo un gesto consternado y dijo: La Flor y la Paloma… ¡Simbólico!




(Día 5)



Vino Juan a visitarme con la buena noticia de que ya hace tiempo no los amenazan, y entusiasmado en editar una nueva publicación en la que desea que participe. Yo ya no podía continuar con la publicación “La Barraca” Dedicada a Federico García Lorca y para recuperar este espacio colectivamente. Luego de tantas amenazas. Imprimía con una fotocopiadora que me habían regalado. De esa manera quedé expuesto a cualquier elucubración. Los Poemas de Juan son cada vez mejores. El dinero que debo cobrar se demora, se avecinan días difíciles. Pero a pesar de todo no pierdo las esperanzas. Extraño mi guitarra, la canjee por alimentos. Necesito cantar al punto que se me ha echo un nudo en la garganta. Debo salir de aquí cuanto antes. Comenzó a llover nuevamente... Anuncian tormentas eléctricas. Hoy es el día de la Madre.




(Día 6)






Ahora sí, otra vez... Se frustró la posibilidad de mudarme a un lugar apto para que ya tenía previsto... Se echaron para atrás, igualmente recibí otra propuesta de alquiler comunitario, y finalmente no acepté. La casa está en pésimo estado y viviríamos hacinados allí y no era para nadie agradable. Escribo sin mirar atrás. Debo cerrar puertas tras de mí, ya son muchos los intentos, todos de proyectos frustrados. No debo estar atado a nada. Escribí además algunas canciones en ritmo de Candombe y algunos poemas. Por casualidad me involucré con un grupo de jóvenes que tocan los tambores. Canté improvisando y bailé hasta el éxtasis y creo que seré bien recibido. Lo curioso fue que mientras bebía en un bar lejano y a pesar de que se mezclen las ideas, dos chicas muy bellas se me acercaron y me preguntaron cómo un reproche… ¿Ya no te acordás que tenés novia? Quedé perplejo pero luego en lo único que pensé fue en Paloma y recordé un momento con ella cuándo jugando en momentos ociosos; le pregunté bromeando… ¿No querés ser mi novia? Ya tengo novio me respondió. Y dije lo idiotamente típico, “no soy celoso” y agregué. Podrías tener dos. Y ella respondió que sí; podés ser mi novio. Miró a su madre de manera cómplice y que observaba a unos metros cuando dijo sorprendida. ¿Ya está? Eso fue lo que recordé, me pareció una conversación banal, un juego inocente, aún me cuesta creerlo. Su belleza era la suma de la perfección así como su carácter, indómita y brillante. Era para mí algo inaccesible, no existía hombre que podría resistirse a sus encantos, era algo permanente. Y que ella manejaba con una simpática crueldad. ¿Por qué yo?



(Día 7)



Ya no la pienso... Estoy pésimo, mi estomago, la resaca. Todo sucio, mojado. El pago se demora más que nunca y no sé sabe cuándo…. No tengo comida. Me vieron ebrio en el teatro, los vecinos y tengo miedo. Había determinado con suma convicción dejar el alcohol y, sin embargo, al derrumbarse mis proyectos una vez más; logré postergarlo tan sólo un día. Será lo primordial en cuanto me marche de aquí... He llegado al extremo, espero tener la oportunidad de recomenzar. Olvidar... Ya se acerca la fecha y se cumple un año del quiebre de mi matrimonio. ¿Necesito una compañera? Esta soledad mía que tanto admiro y deseo, en esta situación me destruye. Tengo miedo que todo empeore y ya no resistir. Son las siete de la mañana, y lo probable es que hoy tampoco cobre un céntimo. Quería irme al Delta... Pero el trabajo se complica si no resido en capital. Pero no importa, lejos... Es que de otro modo me convertiré en un satélite de Paloma, y de todos aquellos que conocí sin llegar a nada, decayendo.

Deseo al menos una habitación sencilla, aunque me convendría un local para poder trabajar con mayor proyección y quizá practicar algún deporte para recuperar la salud. Pero nada es seguro, no sé dónde iré. Escucho nuevamente el Réquiem, es fascinante. “Severa bondad”, como definió Niestche la música de Mozart. Ayer asistí a un ensayo de una obra de teatro, sobre Oscar Wilde y me gustó. La directora me hizo sentar a su lado, es muy amable y talentosa. Y prácticamente me ocupé de todo ya que nadie sabía nada de él.... Pero yo estaba ebrio y ahora siento vergüenza, si bien, mi comportamiento fue aceptable dada la aprobación. ¡Que ganas de irme lejos, para siempre! Difícilmente soportaré mucho más si esto no cambia. Escribir me anima un poco. Pero la escritura es traicionera, siempre se torna en contra del autor. Le enseña lo que no quería saber, por senderos de aparente futilidad hasta la emboscada. Nos engaña, es una trampa infalible, certera. Aunque se tomen todos los recaudos posibles. Recuerdo un comentario de Bioy relacionado a un proyecto que elaboró con Borges pero que no llegaron a concretar. Que trata exactamente lo que acabo de describir... Un texto que se vuelve finalmente en contra del autor. ¡Qué extraordinario! Será por este motivo que estos magníficos escritores no concretaron su idea aún considerándola, muy buena. Escribo lentamente, mateo y es como si bebiera aceite hirviendo. Prendo un cigarrillo y me arden los ojos. Ardo, y recuerdo que las chicas del grupo de Candombe se mostraron complacientes y divertidas; me da cierto aliento. Probablemente sea más sencillo que salga de esta penosa situación con el apoyo de una mujer. Quizá no…Por supuesto que en cuanto logre alguna fachada mínima. De lo contrario no será posible. Recuerdo que varias de las chicas son muy bellas, apenas las observé en la penumbra. Ojalá no lo arruine todo con mis borracheras y desparpajo. En este momento concibo la idea que este texto se va encaminando hacia atrás. Calma... Calma... Sin prisa... Una pitada, nuevamente el ardor, en los ojos, el estómago. No pensar en nada. Pensar en algo, olvidar... Arremeter secretamente en la música de Mozart. Recuerdo a una mujer, llevaba una bincha colorida. Una bella mujer con gracia y sencillez. Me acerqué para pedirle un cigarrillo y me lo dio. Me excusé para acercarme y mirar su rostro detalladamente recalcando con absoluta falsedad que lo hacía sin animosidad porque sencillamente no veía nada. “Todo bien”; me respondió amablemente y arqueando los hombros. ¡Mujeres!... No mostrarme ebrio en público; en lo posible limpio y afeitado. ¡Cómo desearía no necesitarlas, ni a nadie! Que pena esta esperanza... Algo que me aleja de Paloma, como Paloma me alejó del recuerdo de mi esposa y así... Y quizá otra vez el amor. Avaro, destructivo. Como una novela de atrás para adelante en contra de mí mismo. Una novela en la que no pasa nada más que una novela. Impiadosa y silente condena hacia la fatalidad. Vacía sí, inerte... Para poder observar claramente el fenómeno. Yo.... Vuelto hacia mí mismo. Escribiendo hacia adelante el pasado. Y llegará el momento en que me veré atrapado, estupefacto. La revelación repentina de la fatalidad. Brutal... Más pobre; enriquecido, limpio, sucio, con o sin mujer, ni mejor ni peor, nada importa. Ni siquiera el tiempo en esto que ahora escribo; enumerando los días no podrá hallarse una cronología, una temática, ni estilo, ni historia. ¡Fatalidad!. Fatalidad sin nombre y sin motivo. Fatalidad huyendo de la fatalidad esperando el momento incierto. ¿Moriré? ¿Tendrá un final HORAS MUERTAS? Será mi propio Réquiem tan oportunamente inconcluso. Aquí no paso nada.





M A Z U R


Pintura de Constanza lagos

MARIXA

SEXO, DROGAS Y ROCK & ROLL



Todo necesita una explicación, o eso dicen esté de acuerdo o no... Como que me llamó Guzmán, y hoy por la mañana estoy alegre pero esta alegría guarda sus secretos... Casado con mi bella Luisa y dos hijos maravillosos... Todos saben soy un terapeuta de renombre. Eso se acentúa hoy en un agasajo preparado para mí en la “Sociedad Psicoanalítica de Budapest”. Auspiciado por mí benemérito colega: Luis Ángel Juárez. Y al que no asistiré, por supuesto... Mi descreimiento sobre el “pensamiento” que aclara fundamentados los hechos y sucesos por sobre el azar y lo ingobernable comenzó de muy joven. Fue un verdadero infierno pero a su vez hoy lo veo como la fortuna y aquél un designio maravilloso. No quiero extenderme; sintetizo:

Aquellos tiempos de primera juventud fueron el impulso de mi carrera, y se desató “extraordinariamente” en un “brote” que me mantuvo internado en un manicomio porteño. Las indagaciones profesionales indicaban que podría haber causado mi “enfermedad” una extraña vinculación con las artes. Es decir, “Sexo, Drogas y Rock &Roll. A lo que me dedicaba asiduamente...  Lo que provocó que los médicos me abstuvieran del Rock & Roll y el Sexo. Para sujetarme a todo tipo de drogas nocivas sumamente dañinas y privación de la libertad. Que me afectaron dé tal modo que ya no pude proseguir con mi carrera prometedora y vocacional.  Y que me indujo un gran desasosiego al principio dado que no deseaba abandonar mis afanes artísticos al mismo tiempo que fue generando en mi desacuerdo, un virtual llamado de las “Seudociencias”. Despertada la avidez comencé con las lecturas de sus detractores lo que suma en general a todo libro que merezca ser leído.

Ya maltrecho y caratulado como “enfermo mental”; gracias a mis babeos y que el “alhopìdol” no me permitiera emitir una palabra coherente. Dejé el manicomio e intenté retornar a mi vocación pero sin éxito lo que acentuó en ese marco miserable la idea de que ya estaba en condiciones de contraer matrimonio e implicaba amar a una mujer. Lo que resultó muy sencillo ya que las mujeres para enamorarse sólo buscan mucho sexo y nada más... A pesar de algunos reclamos amorosos que abandoné rápidamente mediante esta confirmación irrefutable. Así que remplacé esa inquietud por la proclama de “Amor Libre” y por mis lecturas, a la “libertad sexual” y sobre todo de la mujer. Que luego, irremediablemente y con el tiempo se convertirían en réplicas; como “buscate un trabajo decente, quiero ir a cenar, me aburrí de estar todo el día en la cama”. “Quiero una casa, hijos, salir con mis amigas y viajar; ir de vacaciones y no te olvides que tenemos que cenar con mi familia el Domingo”. Osea que todo marchó como lo esperaba y azarosamente.

Luego de mi matrimonio y el esfuerzo de lograr estas apariencias más asentir con la cabeza constantemente noté que la avidez sexual de mi esposa no disminuía si no que se acentuaba concentrada sólo en mí así que al menos proseguía con alguno de los objetivos centrales y enamorado aunque por consiguiente no duró mucho.  Básicamente porque el tiempo lo mezcla todo y así reflotó el “Amor libre” conjuntamente con el “ama de casa” el trabajo decente, el Rock & Roll, los hijos, sacar la basura, continuar los estudios y las vacaciones y el ahorro para ir a Nueva York. Etc.

Evidentemente al pasar el tiempo luego de intentar con la cocaína según el método Freudiano para desenmascarar lo “siniestro” sumada la ingesta continúa de bebidas alcohólicas desinhibitorias con el mismo fin,  lo que todo “enfermo mental” tiene sumamente acentuado...  Ambos, es decir; mi esposa y yo nos hartamos el uno del otro y odiándonos terminé de patitas en la calle. Quebrados mis afanes por conservar la relación, y negando mis sentimientos homicidas completamente razonables.

Así como todo pensamiento lógico pretende afirmar una verdad es fácilmente refutable...

Luego tuve que enfrentarme a mis pasiones y un callejeo virulento. Sin descuidar mis estudios... Conocí la pasión trágica con una mujer; el sexo salvaje con otra, la dramaturgia y la tragedia a la par del “Teatro” y la mía, La idiotez “comunal”,  etc. Como la muerte del próximo, la cercanía de sucesivas internaciones... Los viajes de huida persistente. La práctica extrema de la libertad y la privación de ella.

Y perdí la fe...

Anduve perdido por años cada vez más roído y genial en la miseria malabarista de la muerte...
Mi intelecto desbordaba con mi talento en calles enjutas y malas compañías como en la Universidad y olvidé por completo aunque fueran sólo instantes de lujuriosa agonía mi creencia fatal en lo fortuito y el accidente sumido en la aspereza de toda decadencia.

Dilapidé fortunas y salud mientras guerreaba necio y joven hasta que un día vagando ocurrió el milagro esperado...

Por lo pronto, en mis degeneraciones mundanas, cada tanto lograba el baño y el aspecto ciudadano para así lograr no ser asesinado por aquellos monstruos instituidos vulgarmente en nuestra sociedad evitando recaídas en manicomios.  Increpando jueces, abogados, policías y médicos diplomados en la vulgaridad de un lenguaje que ya dominaba a la perfección...

Me había matriculado en los disfraces y cómo psicólogo... Lo que no contradecía mi ética aunque sí mis conocimientos.

El hecho, se produjo también de mañana, suene contradictoria mi razón, en la puerta de un depto céntrico de Mar del Plata cuando encontré en la vereda la suma de 100 pesos. Lo que no es frecuente en mí si no perderlos...

Pero para no dejar vahídos en mi literal relato, ya en la búsqueda que me otorgaba mi nueva profesión y sus devaneos, había yo tratado un pueril muchacho que me contaba su relación con una joven prostituta... Y que al afianzarse el vínculo de transferencia y su interloquio persistente, di de alta con esmero celebrando su buen estado de salud. Cuyo menester me fue grato. Sostenía mi economía gracias a verdaderos maniáticos. Por ej. Una mujer divorciada de casi 40 que discurría en volver con el marido que no amaba y por sus purretes y en la siguiente sesión lo insultaba por su falta en la cuota alimentaria mientras asumía la continuidad de una seducción putañera y ridícula que mostraba su interés en el volteo hasta de los planos colores del consultorio...  Una joven sexópata que se quejaba de la falta de amor de sus novios que reemplazaba despojada de amor. Un taxista alcohólico incapaz ya de actividad sexual que había así mejorado su relación con su esposa. Y algunos otros personajes patéticos que sólo necesitan venir a romperle las pelotas a uno y pagar repitiendo siempre lo mismo hasta aburrirse y así decidirse a hacer algo con sus vidas idiotas.

Todo en aquella misma mañana milagrosa despertaba mi anhelo ya perceptible y aguzando la mirada luego del primer hallazgo buscaba el siguiente me condujera a mi único y verdadero destino mirando hacia el suelo donde repentinamente vislumbré un reverso de papel blanco al que sin titubear sumé a mi tesoro con entusiasmo.


Y al voltear gráficamente y sin tapujos el papel leí atentamente... “ Tres amigas te esperan en su depto solitas las 24 horas, presentando el volante “Promoción” 2 X 80 y la dirección sólo a unas cuadras. 

Evidentemente mi destino devenía en transcurrir a tal concurrida cita y sin mayor deseo que mi anhelo primigenio me aveciné al domicilio citado.

Al ingresar me encontré en un living semioscuro y pronto me sorprendió una música advertido que ya vendrían las chicas. Y tras unos minutos de aliento entrecortado desfilaron ante mí, tres chicas que promediaban los 25 años aparentemente en gracioso celo dado su minúsculo atuendo de bella lencería.

Primero vinieron las fuleras en búsqueda del bulto, pero la tercera era un monumento a la carnalidad y belleza y fue el único nombre que pude recordar. “Marixa”

                                               
                                                 *


El encuentro consecuentemente fue celebrado por los dos... No se trataba de una vulgar faena sexual delatada por la amplitud en la lucha y deseo entre los cuerpos; desfallecimientos con el afán de morder; “ descarrilamientos” que nos acercaban y entrechocaban deseosos de más placer... Sonrisas y ojos entrecerrados como también miradas atentas hasta llegar al clímax y su complicidad posterior de sonrisas y juegos amorosos en la despedida.

Mi espíritu breve buscó reposo sosegado en la plaza más cercana... Algo motivaba la celebración de los cuerpos en un secreto a voces. Las mujeres que un momento antes me cautivaban ya no me parecían atractivas. Mi mirada aún conservaba la belleza de Marixa. Y ninguna otra podía comparársele. No podía si no encontrar cada defecto en las mujeres que poco tiempo atrás pudieron resultarme hasta inaccesibles. Ella era como un molde perfecto que dejaba de lado a todas las demás; con la tesitura de sus senos rebosantes en la fijeza dura de sus pezones revelando nuevos sentimientos de furiosa entrega en el deseo; vencida y gozosa cayendo esquiva sobre mí, entre caricias y besos de conquista; entrelazado en su larga cabellera negra.

Me sentía diferente y transformado...

Si bien en suma el acontecimiento podría ser considerado como un episodio puramente anecdótico de buen sexo no lo era para mí ya que si no fuera por las fuerzas motivadoras del azar nada hubiera llamado mi atención ni lanzado hacia aquél encuentro que me estaba mostrando sus primeros vestigios.

Con estos pensamientos retorné a mis habitaciones; una destinada al consultorio y otra a la vivienda. Pero dispuesto a no intentar razonar los efectos precedentes salvo en acentuar conscientemente sus influencias dada las características de mí persona y mi razón de ser.

No pensaba en retornar y disfrutaba de un transcurrir más sosegado; noté que mejoraba mi trato con los pacientes que aumentaban y que me percibían más afable así como el entorno más cercano, también en lo referente a mi aseo personal y del espacio habitacional. Incluso en lo económico ya que mermó mi necesidad de asistir a “boliches” Mi estado de salud mejoró en está actitud más placentera y sosegada ante la vida. Y la idea aún persistente respecto de Marixa fue apenas perceptiblemente desdibujándose dándole paso más seguro a mis ideas con la fuerza de mis convicciones y el único hábito que persistía era mi cotidiana asistencia al Café, a veces solo y otras veces acompañado por colegas o jóvenes estudiantes donde realizaba los apuntes y notas sobre mis avances respecto a la voluntad de toda una vida que al fin cobraba forma bajo el título de: “Reflexiones sobre el impulso terapéutico del azar”  que logré finalizado tras un arduo y metódico trabajo pero sin más intención que la de afianzar mis propias ideas.

Cabe destacar que también mejoraba mi vida sexual; si bien, lo perteneciente a esos nuevos vínculos sólo me hacían extrañar el influjo mágico de Marixa. Aunque una joven estudiante subyugada por mis apreciaciones profesionales denotada verdaderos sentimientos hacia mí y despertaban una ternura que fue gravosa en mis deseos antimaritales de amor-sexual. Ya que sus visitas y atenciones persistentes forjaban mis fuerzas.

En una ocasión dónde el manuscrito estuvo en un descuido a su alcancé no ahorró elogios entusiastas ante mí como en los círculos del ambiente que frecuentábamos dándole a éste una prometedora fuente de nuevos conocimientos despertando la curiosidad, felicitación y asedio de mis colegas en motivar su publicación. 


Todo esto iba resaltando mi figura como profesional que evidentemente resultó en beneficio en mi actividad como la presencia de Luisa felizmente enamorada en el ámbito social.
Al contrario de una sensación de logro y crecimiento todos esos reconocimientos y atenciones comenzaron a generar en mí la duda de recaer nuevamente en lo “establecido” en la rutina mediocre de una vida mediocre que hacia que mis recuerdos casi débiles sobre Marixa me fueran atrayendo como un imán y con una fuerza en ascenso inaudita.

En breve ya se esperaba que formalizara mi relación con Luisa y así también la publicación y atribuía la demora con falsa modestia.

Finalmente en el Café unos de mis colegas más renombrados; Presidente de una Fundación de prestigio; me manifestaba la necesidad de apoyar, previa lectura formal del “ensayo”, el que conocía vagamente ante las ideas que no sin falta de pasión dejaba traslucir en nuestros encuentros y alegando sería un salto para mi carrera y brindándome el apoyo necesario para lograr la publicación que de tener el éxito que auguraba sería bien recibido por la Fundación; el ámbito común y las Universidades del mundo y así me vi envuelto en la obligación de entregarle una copia con la falta de confianza necesaria y el argumento ficticio de que aún debía fortalecer mis ideas. De las que no tenía en realidad ni la menor duda.


En poco tiempo llegó el día esperado respecto de mi publicación. Luisa se encontraba feliz y a decir verdad muy hermosa por la mañana luego de una noche agradable y romántica para ambos y concordamos que la llamaría ante la primera novedad.

Apenas se marchó segura y feliz. Me embargó una poderosa fuerza de salir corriendo en la búsqueda de Marixa. Todo lo demás resultaba secundario, un sueño inarticulado, a pesar de la convicción que me daban las ideas comprometidas en el “ensayo”. Necesarias para mí e irrefutables. Sin embargo, raudamente me lancé en su búsqueda sin tener en claro el por qué y mucho menos cuál sería el resultado de mi accionar inaudito frente a un encuentro con alguien que probablemente no me recordaba y poniendo en riesgo todo lo que había logrado con verdadero esfuerzo. 

Al llegar al depto. donde nuestro primer encuentro me encontraba nervioso aunque sin dudarlo ingresé y expectante esperé el desfile de las chicas y me vi absorto ante la ausencia de Marixa. Si bien pregunté por ella la única respuesta fue que ya no trabajaba allí y sin ninguna pista. Nada. Recorrí entonces todos los sitios donde podría estar incluso a través de Internet pero aún nada. Me sentía confundido y quedaba poco tiempo para la entrevista. Sólo me restaba un depto. Donde buscar y fui, me detuve en la puerta pero de pronto un nuevo pensamiento me sobresaltó. Por un instante creí que en ese lugar la encontraría; pero de una manera que no puedo explicar avasalló mi mente la propia experiencia vívida y mis convicciones. ¿Acaso Marixa no estaría allí también producto de lo fortuito? ¿No podría estar acaso esperando aquellas fuerzas ingobernables en búsqueda de otro destino? Me sentí torpe al intentar descubrirlo, esbocé una sonrisa y me marché seguro hacia donde debía dirigirme y pensé: “Otra vez, Marixa”




M       A      Z     U     R





IMPONDERABLES




Lo había previsto y de eso no tenía duda; entonces por qué ese sentimiento angustioso, la culpa de prever y como adivinar, o tener esa reserva en momentos de decisión o que culminan de manera fortuita en instantes definitivos; al menos así lo parece en mi subjetividad y dolor, como a la vez indujera a que la razón dictara lo que ocurrió finalmente...




Algo pronosticado o, en fin, tal vez lo inverso, que aquella premonición fue determinante en lo ocurrido. ¡Pero no! Esos razonamientos son falsos...  Si en verdad lo hubiera previsto, no debería lamentarlo a estas alturas y si fuera un condicionamiento, no hubiéramos llegado tan lejos. 


¿Por qué la culpa?


Como cuando le pedí matrimonio y ella era risa, llanto; mientras, desnudos con la sexualidad despierta; sus lagrimas caían sobre mi pecho retornando en caricias y besos para prorrumpir en más risas y gestos emotivos con la cabeza y su pelo entreverándose en lágrimas, sin detenernos, extraordinariamente felices y enamorados. Así tanto la amé... Éramos dichosos.


Recuerdo que ante el romance, admitiendo el amor en nosotros, cónyuges, le dije: “Sólo quiero que tomes la decisión de ser feliz”. Y fuimos ambos plenamente felices... 


El resto de cuando nuestra relación se tornó tortuosa no me produce ninguna curiosidad, cualquier argumento sería útil para llenar ese vacío, descubro que fue eso, sólo “Vacío”.


Sus reclamos ante los míos de “algo” que andaba mal, su desdicha primera y luego su rencor. Con la premura de la juventud en el amor, que se destruye fácilmente. Ambos simplemente podíamos estar equivocados, pero no fue tolerable... Y cedimos a la ruptura, al corazón que se rompe y quiere romper los lazos que le duelen y asfixian...


Cuando le contaba al viejo Alonso en alguna visita al geriátrico. Él, que ya con 81 años llegaba lúcido y firme a lo postrero de la muerte, me decía que era falto de lógica y como este argumento tiene sus ribetes, aún sonriente con su único cigarrillo diario, siempre mencionaba los “imponderables” y se refería, traducido vulgarmente, a “aquello que no podemos cambiar” y yo dándole la razón algunas veces y otras no... Su sola impecabilidad era irrefutable, pero sus argumentos claros y precisos, que no permitían interrupción, dejaban aún en mí un vestigio de duda y de aflicción al no comprender o aceptar su método en una duda imperfecta que me asaltaba.


Mi corazón herido por aquella y tantas desdichas no me permitía aceptar el “imponderable”, quizá siguió siendo mi error... Ya que en los años posteriores no mejoró mi suerte. No creo que Alonso estuviera equivocado, resalta un estado lúcido de preservación. ¿Pero qué era lo que faltaba? 


¿Sólo me había desbordado en una lucha por amor, apasionadamente?
¿Era el fin y el comienzo del sentido trágico de la vida?
Ahora sé que estoy en lo cierto...












M    A     Z    U    R 


IMPOSIBLE




Lo que trato de hacer podría ser considerado imposible o absurdo y me propone muchas conjeturas... Por ejemplo, no podría situarme donde me ven ahora, comenzando a percibir algunos detalles de una narración respecto de sí misma. Un trabajo intelectual que haga que el lenguaje se vuelva comprensible y sobre sí... No tendrán importancia mis zapatillas gastadas, el calor en la piecita ni que estoy a unas cuadras de la ruta 2. Nada de esto puede dar un significado de lo que intento hacer escribiendo mientras caliento el agua para unos mates. En una posición bastante incómoda, mi propio universo se va manifestando ante la imaginación del lector, imaginario también. Pero esa es justamente la tarea, la de ser un buen lector para lograr escribir y quien lea nuestros textos tenga la posibilidad, a pesar de las dificultades del lenguaje, de ir recreándose para que de alguna forma se manifieste en su propio trabajo intelectual, que dará algún significado a lo que lee... Claro que cuando escribo sobre el lenguaje es como si lo estuviera negando, a la vez que no me refiero sólo a algo idiomático, sino al lenguaje en general: que se traduce en un cajero automático que larga billetes falsos o el cacareo de las gallinas en el patio.

Extraña forma de comunicarse y ser otro; compartir como si fuera una mesa de un café donde pronto se configurará otra nueva forma que por sí misma vaya dando frutos de intimidad; como los paquetes de puchos o las servilletas, las cucharitas o el vaso de vino, el cenicero con cigarrillos con lápiz labial o la manifestación casi portentosa de una pipa derribada panza arriba.

De todos modos, creo que la palabra escrita está sobredimensionada y este texto, que se va amurrallando como en otro tiempo y conservando en detalles su armonía musical o disonancia, puede ir cobrando un sentido y una explicación de ser. Y que puede parecer contradictorio, pero a la vez no carecer de lógica en el contexto de proseguir a pesar de mí y de mi mundo, aquello que señalé en un principio como imposible, ya que va tornándose algo concreto. Como ocurre en la transformación oculta de las palabras y pueda lograr transitar lo que pienso, aunque sea con la lógica de lo imposible.



M    A     Z     U     R 





LA NAVE DE LOS LOCOS


(Versión libre sobre el Mito)





M   A    Z    U    R







(Carta hallada en un Manicomio)


Un contorno tan sólo queda del sitio donde me encontraba... Un lugar donde habitan mis sensaciones sin nociones de tiempo, ni necesidad de veracidad. Imágenes que no puedo trascribir y se renuevan haciéndome saber que estoy vivo. O tan sólo lo intransferible de infinitos universos y geometrías… No podría decir los años que han pasado; estas paredes han proyectado el mundo en el que vivo y ya no me pregunto sobre otras posibilidades, ignoro todo aquello.

No busqué salir hacia ninguna parte, no concibo otra parte. Fue algo que sucedió lentamente, sin despedidas. Visiones que fueron reemplazándose por otras entre repiqueteos en los recodos o cerca de la rendija de dónde se escucha la música de un lugar que supongo igual a este, donde habrá alguien como yo habitando un mundo junto a otro y así de una manera sucesiva e infinita. Una mirilla en la puerta es toda la posible comunicación con ese afuera casi irreal o del que quiero prescindir.

Los horarios de alimentos, los cigarrillos, el agua caliente como la ropa de cama y demás están rígidamente sumidos en la rutina. Y por alguna razón solicité papel y lápiz para escribir. Una excepción; ese lazo ya lo había apartado y no representaba más que asentir con voz neutra sobre aquellos menesteres. Debía protegerme y a mi mundo.

Me acostumbré a los pasos en los pasillos y a otras voces o llantos y gritos como un ruido que nada dice o un complemento del silencio para sólo la música; era necesario... Todo aquello que dejara atravesar se convertía en una increpación y en falta de paz como una gota que genera ondas alrededor y se convierten así en una repetición incesante y dolorosa llamada del delirio. En desviaciones inconcientes que recreaban ficciones dolorosas y siniestras.

No podía haber alegría fuera del mundo que se me presentaba y al contrario de lo que  puede suponerse, era el único resguardo para mí razón y supervivencia. Lo mismo ocurre con ciertos pensamientos y sensaciones que me sobresaltaban como la llamada natural del cuerpo a la necesidad sexual, o placeres como los del apetito, todo aquello que luego postergaba mi aquietamiento y la necesidad de armonía fui remplazándolo con ejercicios físicos simples como forma natural de desapego hasta recobrar la quietud necesaria y retornar a la música evitando recaer en la angustia y el dolor o compulsión que sólo me producirían la pérdida de lo que había conseguido.

Así mi vida emocional se había convertido en un hábitat sensorial, ya sin recuerdos ni pasado ni discernimiento de lo “mundano” y de lo que ya no era capaz sin dolor.

Había desaparecido el quebranto de los muros, el encierro de la puerta maciza, la mirilla acuciante… La conmiseración por otro que desconocía y los destinos anegados en realidades impertinentes. Perdido el poder de aquel o aquellos que se asomaran ante mi barrera. Todo entorno ominoso desapareció lentamente. Y sólo me concentré en dar dirección a mis sensaciones. A través de pequeños actos que me permitían una “extroyección” de mi cuerpo hacia una nueva introspección.

No podía prescindir del árbol, de la lluvia, del fuego, como del amor, como para citar lo que la naturaleza misma de lo humano no puede prescindir. Así que una pequeña llama podía conducirme hasta transponerme en la sensación misma del elemento, igualmente con el agua, desarrollando así la capacidad de acompañarme con movimientos corporales, livianos y ligeros.

Mis brazos extendidos eran un amanecer, con un movimiento de cabeza hacia abajo cerrando los ojos, anochecía. Las diferentes geometrías ornamentales o de estructura me permitían recrear constelaciones, caminos y por ende “viajes”. Lo más extraordinario fue sentirme capaz de proyectarme fuera de mi mismo y la experiencia de visualizarme como una nueva otredad hecha “substancia”, como algo tangible para mi percepción, en principio como una atmósfera y a través del movimiento corporal como del ejercicio perceptual en un punto, “consubstanciándome” con aquello que podía dirigir llevando así mis sensaciones a niveles superiores de conciencia. Por en cuanto lograba percibir estar junto al fuego, trasladarme fuera de los límites espaciales, observar el cielo, contemplar el amanecer, caminar por las orillas del mar. Rodearme de bosques, vibrar ante la Tierra.  Recostarme en la arena, sentir la lluvia, el viento, etc.

Estos desplazamientos concientes y desdoblamientos no fueron perjudiciales para mi razón aunque supe corría riesgo cuando comencé a percibir otras formas en la nueva geometría espacial y sensorial que habitaba: “la posibilidad real de entidades en aquél nuevo mundo trasladándome como yo en la invisibilidad del espacio”.  Debía cuidarme de los interloquios, de las palabras que no fueran concisas por su reflejo y eco que pudieran desequilibrarme.

Las palabras eran esenciales ya que decir “árbol” era ser y estar junto a un árbol, como para citar un ejemplo. Ahora escribo, simplemente escribo, sin más detalles; lo que me dicta mi experiencia e intelecto; como hace mucho tiempo me dediqué a leer todo cuanto pude, afortunadamente.

 Me motiva la posibilidad de la relectura, no hay un destinatario y así reafirmar la posibilidad de ser ese “otro” con nuevos significados. Toda conciencia tiende a ser “Dios” de allí su vana existencia humana. Como la veracidad de transitar los caminos hacia lo desconocido donde los peligros de la locura y universos de sensaciones aterradoras son tan ciertos como lo afirman las culturas más antiguas. Si bien, con el fin de retornar con clarividencia a los peligros cotidianos pero yo en cambio sólo tenia breves rutinas de higiene y alimentación.

La música, que por algún motivo salvo por las largas noches me acompañaba, me convertía en instrumento para dar cobijo a lo irracionalizable de mis experiencias.  La dubitación, sin embargo, persistía en la posibilidad y deseo de partir hacia esas nuevas formas aún a pesar del peligro pero donde también percibía una reciprocidad amistosa.

Nunca la razón ha respondido estas preguntas. Pero aún con temor se iba afianzando en mí la posibilidad concreta de partir y ya no retornar.  De todas maneras mis tareas cotidianas se fueron mecanizando, por énfasis que pusiera de concentración en cada detalle, también las experiencias fueron tornándose más firmes y menos figurativas y ociosas. Así en esta realidad desdoblada que se impone, fui llegando a la decisión de abordar el camino más allá del ensueño.

El árbol que fui, ha dado sus frutos, el sol tañido sobre un nuevo horizonte y abierto nuevos caminos, el mar frecuenta orillas de fina tersura alimentado de ríos transparentes. Los amaneceres se llenan de pájaros y las noches límpidas se iluminan por astros esplendorosos. Todo lo he visto y recorrido. A través de innumerables temores y asedios ancestrales como de peligros insondables. Así llegó la hora de partir… Lo único que puedo afirmar, es que ya no estaré solo.




M    A      Z      U      R



















Ojo con el Perro



(Cortazaréan Los Pocos pero Cortazaréan)




Las intersecciones desaparecen en las calles de tierra: una cuadra y el umbral. Al cerrar la puerta, otro mundo se dispone como obligándome a retornar siempre a lo mismo… A toda esta imposibilidad de pensar en soledad. Un salto en definitiva es un buen día, para desatar nuevas fuerzas buscando como la sierpe la posición más atinada para destruir la idea de lo admitido que niega lo esencial aunque sea para que se reformule la misma pregunta que a su vez encierra la respuesta que nos niega.

Entonces éste es el mundo... Fuerzas desatadas, conflictos, tensiones y  sensaciones. Otro juego de fuerzas traspuesto, aleatorio, más allá de los hábitos cotidianos saludablemente mecanizados  como puentes hacia lo humano, tejiendo esa malla que es el tiempo.



Es esto andaba la muerte, su frágil susurro. He aquí el mundo, he aquí el hombre. Es el tiempo, como su convención, la aventura, la tristeza y la alegría y su espacio de música hecha parte de otra cosmogonía, de otro y su naturaleza; una nueva mística;
el hombre tiende a la Divinidad como a la Libertad.


Forzar la dualidad para una nueva opción, permitirnos los acontecimientos de labradores sin sol y sin mañana. Pensarnos sí, en una nueva harmonía que nos es aún desconocida.  Cuando en oscura fuerza retorna la maraña de lo negado, cuando la fuerza y sólo la fuerza nos diferencia.  




M     A      Z        U      R